En los primeros momentos de su
desarrollo un embrión no es más que un puñado de células en división. Igual que
células son el óvulo que todas las mujeres (incluso las monjas y las ministras)
pierden en cada menstruación o los espermatozoides que los hombres pierden en
diferentes momentos que ahora mismo no veo necesario explicar. Cada una de esas
células sexuales podrían en otras circunstancias haber sido la materia prima
para un embrión y, sin embargo, nadie va a la cárcel por dejarlas escapar.
La ley de Zapatero estuvo
respaldada por científicos que, en su momento, decidieron los plazos en los
cuales aún no se debe considerar dicho embrión como una persona. Esos plazos no los decidieron ni Zapatero ni
ninguno de sus ministros. Ya que en este país nos quitan a los científicos la
mayoría de las posibilidades de trabajar, al menos deberían tomar en serio los
conocimientos que tantos sacrificios nos han costado.
Por otro lado, NADIE ha obligado
nunca a las mujeres a abortar. Simplemente se les da la oportunidad de decidir
si quieren llevar con ellas durante nueve meses al que será un niño que luego quizás ni quieran ni puedan
cuidar. Y es que es curioso pensar que el gobierno, de no haber recapacitado,
podría haber llegado a proteger la vida de un niño antes de nacer, para no
pestañear después a la hora de desahuciarlo de su casa junto a toda su familia.
Está muy bien defender la vida,
señores, pero defendamos la vida de los que están vivos. Nacer no nos hace
menos indefensos. Nacer nos hace conscientes de las injusticias a las que
estamos expuestos. Injusticias creadas por unos políticos que se preocuparon
mucho de nosotros cuando no éramos nadie, pero que después nos dificultan la
posibilidad de tener un trabajo, una casa, una vida. Y ellos se llaman
defensores de la vida. Y eso es lo que defiende el equipo de gobierno de Berja.
¡Que su Dios nos pille confesados!